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Imagen de ¿Amor Romántico? No, Gracias, Soy Una Chica Sana.

Marzo 2015

¿Amor Romántico? No, Gracias, Soy Una Chica Sana.

Amor… bonita palabra y precioso sentimiento que las personas manifestamos continuamente y, digo continuamente porque sentimos amor por nuestra familia, amigos, pareja, mascotas, etc.  El amor es una palabra que engloba a muchas personas que forman parte de nuestras vidas. Sentimos amor diariamente y, a veces incluso lo sentimos sin darnos cuenta. Curioso, ¿verdad? Pues aún resulta más curioso que solo nos vendan la receta milagrosa para un determinado tipo de amor, el amor romántico heteronormativo.  ¡Ains! Qué duro nos venden el amor hacia la pareja, ¿eh? sobre todo si eres mujer… Ese príncipe azul sin ningún defecto, ni por fuera, ni por dentro.  ¡Qué dura es la búsqueda de ese sapo que finalmente se convierte en el príncipe de nuestros sueños!… esos sueños que nos venden las películas. Y nos enseñan a pensar: ¡quién fuera una de esas “afortunadas” de las películas que consiguen al tío perfecto que a “toda” mujer le gustaría conseguir! Y en este punto, fruto de ese aprendizaje patriarcal, es cuando muchas mujeres cometemos el error de meditar sobre nuestra mala suerte para conseguir un hombre 10, lleno de virtudes y sin ningún defecto. ¿Qué pasa cuando meditamos? Que nos da por buscar información y, ¿qué fuente informativa es la reina para darnos pistas sobre cómo conseguir a nuestro hombre perfecto?... ¡Exacto! Las revistas son auténticas expertas en dar consejos sobre cómo conseguir a ese hombre, a esa “media naranja” hecha a nuestra medida!  Incluso nos proporcionan test para saber qué tipo de hombre es más acorde a nuestra personalidad.  Vamos que quien no encuentra a su hombre perfecto es por dos motivos: Porque no lee las revistas o porque no pone en práctica los consejos que en ellas se especifican (ponte a dieta, sonríe al chico aunque su broma no te haya hecho gracia, ponte sexy para él, etc.).

Con el tiempo prácticamente todo el mundo conoce lo que nos venden como nuestra “media naranja” (yo siempre me sentí persona pero hubo un tiempo que me hicieron dudar si era la mitad de una fruta, concretamente una naranja, menos mal que ese pensamiento sólo me duró unos segundos, el tiempo que tardé en mirarme al espejo y descubrir que de media naranja no tengo nada. ¡¡Soy una persona!!). En este punto, cuando ya tenemos a “nuestro hombre ideal”, pasa el tiempo y… nos damos cuenta que, el chico con el que estamos saliendo no es como lo idealizábamos, ni cómo los protagonistas de las películas románticas, sino que es una persona con virtudes y defectos, pero al fin y al cabo es una persona real. 

Pero aquí no acaba la historia. Una vez que tenemos pareja, el patriarcado vuelve a intervenir intentándonos convencer de que nuestra relación debe ser algo parecido a la historia de amor de Titanic (eso sí, evitando que nuestra pareja acabe en el fondo del mar).  El patriarcado nos hace desear ese tipo de relación idealizada pero, sentimos que no tenemos las claves para llevarla a cabo en nuestra vida en pareja.  Es en este punto cuando las revistas, fieles transmisoras de la educación patriarcal, vuelven a tomar protagonismo. Si ya te dan claves para ser una mujer sumisa en busca del “hombre perfecto”, cuando tienes pareja, las revistas se vuelven las reinas por excelencia en aconsejarte sobre cómo conseguir que tu relación de pareja sea perfecta. Para poner un ejemplo conciso, la revista Cosmopolitan ha publicado un artículo con 13 consejos para contentar a nuestro hombre (sí, 13 nada más y nada menos), para que nuestras relaciones de pareja sean perfectamente románticas, sumisas y heteronormativas. 

Cosmopolitan no duda en aconsejarnos que nosotras, las mujeres, dejemos el último bocado del plato para nuestro chico, que le compremos papel de baño y leche por sorpresa, que le compremos calcetines nuevos, que le preparemos el café por la mañana, que hagamos realidad las fantasías sexuales de nuestra pareja aunque a nosotras no nos guste, etc. Estos son sólo algunos de los consejos que nos vende la revista para conseguir una relación de amor perfecta y conservar a “nuestra media naranja”. La absurdez del artículo no pasa desapercibida en ningún momento, reflejando el alto grado de machismo en estado puro que nos vende el sistema patriarcal a través de la sumisión de las mujeres. Siguen vendiéndonos los estereotipos de género que tanto obstaculizan la consecución de la igualdad y, nos intentan instruir, a las mujeres, como la esposa o novia perfectamente sumisa que vive por y para facilitar la vida de su hombre, dejando a un lado nuestra propia vida, focalizando el amor de pareja como el eje de nuestras vidas, hasta tal punto que, incluso nos dan claves para que llevemos a cabo prácticas sexuales que aporten placer a nuestra pareja aunque a nosotras no nos guste. ¡Pues no, “querida” Cosmopolitan! Nosotras tenemos derecho a sentir placer y, basándonos en ese derecho, jamás y reitero ¡jamás! debemos llevar a cabo una práctica sexual que nos desagrade para complacer a nuestra pareja. El disfrute sexual debe ser recíproco y nunca impuesto. Las prácticas sexuales están para disfrutarlas y disfrutarnos. Hacer saber a nuestra pareja aquello que nos provoca placer y aquello que nos desagrada es un paso importante en nuestros derechos sexuales y reproductivos y, es lo que nos lleva a mantener relaciones sexuales placenteras. ¡No queremos mitos sexuales, queremos orgasmos!

Las mujeres estamos hartas de la educación patriarcal que pretenden imponernos en todos los ámbitos, en todos los sentidos y en cada fase de nuestras vidas. El amor, como bien decía al comienzo, es algo bonito pero debemos cuidar que sea sano. Los consejos que nos venden, a nosotras las mujeres, son connotaciones surgidas del machismo en el que estamos inmersas y en el que el sistema patriarcal nos quiere mantener porque le interesa que seamos débiles para jugar con nuestra autoestima y  manejarnos a su antojo como meras marionetas condicionadas por el machismo y la desigualdad. El amor sano no da privilegios a los hombres y obligaciones a las mujeres, sino que se basa en reciprocidad, corresponsabilidad, respeto y trato de igual a igual. En definitiva, el amor sano no sabe de medias naranjas, no entiende de príncipes valientes y princesas que necesitan ser rescatadas y no tiene nada que ver con películas y literatura románticas. El amor sano rechaza cualquier tipo de comportamiento tóxico y se basa en un compromiso basado en la libertad individual de cada parte de la pareja.  Así que, si vas a tomar algún consejo, toma el consejo sabio de Mafalda: “Haz el amor, una y mil veces haz el amor, entrégate, come rico, besa, abraza, baila, enamórate, relájate, viaja, salta, acuéstate tarde, levántate temprano, corre, vuela, canta, ponte linda, ponte cómoda, admira el paisaje, disfruta, y sobre todo, ¡deja que la vida te despeine! Lo peor que puede pasarte es que, sonriendo frente al espejo, te tengas que volver a peinar.”

#OtroSanValentin #esposible

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